Productos alimentarios retirados
Cuando un alimento presenta un riesgo para la salud de los consumidores, las autoridades sanitarias ordenan su retirada del mercado. Cada año se producen centenares de alertas alimentarias en España, algunas por problemas menores y otras por riesgos graves que requieren actuación inmediata. Conocer cómo funciona el sistema de alertas y cuáles son tus derechos te permite protegerte y actuar correctamente si tienes en casa un producto afectado.
La retirada de un producto no significa necesariamente que todas las unidades estén contaminadas, sino que existe un riesgo que justifica la medida preventiva. Por eso es importante verificar si tu lote concreto está afectado antes de alarmarte, pero también actuar con prudencia si tienes dudas.
Por qué se retiran productos
Las retiradas de alimentos del mercado obedecen a diferentes causas, todas relacionadas con la seguridad alimentaria o la protección de los consumidores. Algunas suponen riesgo grave e inmediato mientras que otras son medidas preventivas ante posibles problemas.
Contaminación microbiológica
La presencia de microorganismos patógenos es una de las causas más frecuentes de retirada de alimentos. Salmonella aparece frecuentemente en productos de origen animal, especialmente huevos, carnes de ave y derivados. La bacteria puede causar gastroenteritis severa y es especialmente peligrosa para grupos vulnerables.
Listeria monocytogenes es otro patógeno que genera numerosas alertas, particularmente en productos listos para consumir como quesos, embutidos y ensaladas envasadas. Su peligrosidad radica en que puede multiplicarse incluso a temperaturas de refrigeración y es especialmente grave para embarazadas, pudiendo causar abortos o infecciones en el feto.
E. coli patógeno aparece en carnes poco cocinadas y vegetales que han estado en contacto con aguas contaminadas. Las cepas productoras de toxinas Shiga pueden causar el síndrome hemolítico urémico, una complicación grave que afecta a los riñones.
Otros patógenos que motivan retiradas incluyen Clostridium botulinum en conservas mal procesadas, norovirus en mariscos y Campylobacter en productos avícolas.
Contaminación química
La presencia de sustancias químicas no permitidas o en concentraciones superiores a las autorizadas también origina retiradas. Los residuos de pesticidas por encima de los límites máximos son una causa frecuente, especialmente en frutas y verduras importadas de terceros países donde las normativas pueden ser menos estrictas.
Los metales pesados como mercurio, plomo, cadmio o arsénico aparecen ocasionalmente en pescados, moluscos o arroz por contaminación ambiental. Los niveles permitidos son muy bajos precisamente para evitar acumulaciones peligrosas en el organismo.
Las micotoxinas, producidas por hongos en cereales y frutos secos mal almacenados, son otra causa de retirada. Las aflatoxinas, por ejemplo, son cancerígenas y tienen límites muy estrictos en la normativa europea.
También se retiran productos con aditivos no autorizados, colorantes prohibidos o medicamentos veterinarios en concentraciones indebidas. En algunos casos se detectan sustancias añadidas fraudulentamente para mejorar el aspecto o prolongar la conservación del producto.
Alérgenos no declarados
Un alérgeno no declarado en la etiqueta puede ser mortal para una persona alérgica. Esta es una de las causas de retirada más frecuentes y paradójicamente, una de las más evitables si los fabricantes siguieran correctamente los protocolos de etiquetado y control de contaminación cruzada.
Los casos más habituales incluyen leche o derivados lácteos en productos que se venden como aptos para intolerantes, frutos secos en productos donde no se mencionan, gluten en productos etiquetados como sin gluten por contaminación cruzada en fábrica, huevo en salsas o productos procesados, y soja o sus derivados en alimentos donde no se espera encontrarla.
En ocasiones el problema es un etiquetado incorrecto: el producto contiene el alérgeno y aparece en la lista de ingredientes, pero la etiqueta está mal traducida o falta el recuadro de "contiene". En otros casos es contaminación cruzada no controlada: el alérgeno no debería estar pero ha llegado al producto por compartir líneas de producción.
Cuerpos extraños
La presencia de materiales extraños en los alimentos es motivo de retirada inmediata por el riesgo de lesiones físicas. Los fragmentos de plástico pueden provenir de envases dañados durante el envasado o de piezas de maquinaria que se han desprendido.
Los cristales son especialmente peligrosos y suelen provenir de roturas de envases durante el proceso de producción. También se han dado casos de cristales en productos donde no debería haber vidrio, por fallos en la cadena de fabricación.
Fragmentos metálicos procedentes de maquinaria, piedras en legumbres o cereales, restos de goma de guantes o juntas, e incluso objetos más llamativos como tornillos o tuercas han motivado retiradas de productos.
Problemas de etiquetado
No todas las retiradas implican un riesgo directo para la salud. Algunos productos se retiran por incumplimientos de etiquetado que pueden inducir a confusión o error al consumidor.
La información nutricional errónea puede afectar a personas que controlan su dieta por motivos de salud, como diabéticos que necesitan conocer los carbohidratos exactos. Las fechas de caducidad incorrectas pueden hacer que un producto se consuma cuando ya no es seguro. El idioma incorrecto en un producto vendido en España impide que los consumidores entiendan la información del etiquetado.
También se retiran productos por denominaciones engañosas, origen geográfico falso o claims nutricionales o de salud no autorizados.
El sistema de alertas alimentarias
Europa cuenta con un sistema coordinado de alertas que permite actuar rápidamente cuando se detecta un problema de seguridad alimentaria. Este sistema funciona en red, conectando a todos los Estados miembros para que un problema detectado en un país pueda comunicarse inmediatamente a los demás.
RASFF: el sistema europeo
El Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos (RASFF, por sus siglas en inglés) es la herramienta que utilizan las autoridades de control alimentario de toda la Unión Europea para comunicarse entre sí cuando detectan un riesgo.
Cuando un Estado miembro detecta un problema de seguridad en un alimento que puede haberse distribuido a otros países, introduce una notificación en el sistema RASFF. Inmediatamente, todos los países que puedan estar afectados reciben la información y pueden actuar en su territorio para localizar y retirar el producto.
El sistema RASFF tiene una base de datos pública donde cualquier ciudadano puede consultar las notificaciones. Aunque la información técnica puede ser compleja, permite conocer los productos afectados, los países de distribución y el tipo de riesgo.
La red incluye a todos los países de la UE más Noruega, Liechtenstein, Islandia y Suiza, garantizando que las alertas circulen por todo el Espacio Económico Europeo.
🚨 El "Google" de las alertas europeas: portal RASFF
Si quieres ir un paso por delante de las noticias, consulta el Portal de la Comisión Europea (RASFF Window). Aquí se registran en tiempo real incidencias de toda la UE. A veces, un producto se retira en Francia o Alemania días antes de que la alerta llegue oficialmente a los supermercados españoles. Puedes filtrar por "Country: Spain" y "Hazard" (peligro) para ver qué está pasando ahora mismo con los controles en frontera.
AESAN: la gestión en España
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) es el organismo responsable de gestionar las alertas alimentarias en España. Cuando recibe una notificación del sistema RASFF o cuando se detecta un problema en territorio nacional, AESAN coordina la respuesta.
Las funciones de AESAN en una alerta incluyen verificar si el producto afectado se ha distribuido en España, coordinar con las comunidades autónomas la retirada efectiva del producto, emitir comunicaciones públicas para informar a los consumidores y hacer seguimiento hasta asegurarse de que el producto ha sido retirado del mercado.
En la web de AESAN (www.aesan.gob.es) se publican las alertas alimentarias activas. Esta es la fuente oficial más fiable para consultar si un producto ha sido retirado. También tienen presencia en redes sociales donde difunden las alertas más relevantes.
Comunidades autónomas
Las comunidades autónomas tienen competencias en materia de control alimentario y son quienes ejecutan sobre el terreno las medidas ordenadas en una alerta. Los inspectores autonómicos visitan establecimientos, verifican que el producto ha sido retirado de venta, toman muestras si es necesario y pueden imponer sanciones a quienes incumplan.
Cada comunidad autónoma tiene su propia Consejería de Sanidad y sus equipos de inspección. En caso de una alerta, se coordinan con AESAN y entre ellas para garantizar una respuesta uniforme en todo el territorio nacional.
Tipos de alertas
No todas las alertas tienen la misma gravedad ni requieren las mismas medidas. El sistema distingue diferentes categorías según el nivel de riesgo y la situación del producto en el mercado.
Alertas de seguridad
Las alertas de seguridad se activan cuando existe un riesgo grave para la salud y el producto ya está en el mercado, posiblemente en manos de los consumidores. Son las más urgentes y requieren comunicación pública inmediata.
En estos casos se realiza una retirada urgente del producto de todos los puntos de venta, se emiten comunicados públicos para que los consumidores que tengan el producto no lo consuman, y se investiga para determinar si hay personas afectadas. Estas alertas suelen aparecer en medios de comunicación generales además de en las webs oficiales.
Notificaciones de información
Las notificaciones de información se emiten cuando el riesgo es menor, está controlado o el producto ya no está disponible en el mercado. No siempre requieren comunicación pública amplia porque el producto puede no haber llegado a los consumidores.
Por ejemplo, si un lote defectuoso se detecta antes de salir de fábrica o si el producto solo se ha distribuido a nivel mayorista y puede retirarse antes de llegar a los comercios minoristas.
Rechazos en frontera
Los rechazos en frontera afectan a productos importados de terceros países que no cumplen la normativa europea de seguridad alimentaria. Estos productos no llegan a entrar en el mercado: se rechazan en el punto de entrada y se destruyen o devuelven al país de origen.
Aunque no afectan directamente a los consumidores porque el producto nunca estuvo disponible para su venta, estas notificaciones son importantes porque revelan qué países o productos presentan problemas recurrentes de seguridad.
Qué hacer si tienes un producto retirado
Si te enteras de que un producto que has comprado está afectado por una alerta alimentaria, sigue estos pasos para protegerte y ejercer tus derechos.
Paso 1: Verifica si tu producto está afectado
Las alertas especifican exactamente qué productos están afectados. No basta con que sea la misma marca o el mismo tipo de producto: debes comprobar si tu lote concreto está incluido en la alerta.
Busca en el envase el número de lote, que suele aparecer como una secuencia de números y letras precedida de la letra "L" o la palabra "Lote". Comprueba también la fecha de caducidad o consumo preferente. Verifica la presentación exacta (peso, formato, variedad). Compara estos datos con los que aparecen en la alerta oficial publicada por AESAN o el fabricante.
Si tu producto no coincide exactamente con los datos de la alerta, probablemente no esté afectado. Si tienes dudas, contacta con el servicio de atención al cliente del fabricante o con las autoridades de consumo.
Paso 2: No consumas el producto
Si tu producto está afectado por una alerta, no lo consumas bajo ningún concepto. Tampoco se lo des a otras personas ni a animales. Aunque el aspecto, olor y sabor del producto parezcan normales, puede contener el agente que ha motivado la retirada.
Conserva el producto para poder devolverlo, pero mantenlo separado de otros alimentos para evitar contaminaciones cruzadas en tu nevera o despensa.
Paso 3: Devuelve el producto
Tienes derecho a que te devuelvan el importe pagado por un producto retirado del mercado. Este derecho existe aunque no conserves el ticket de compra, ya que la propia alerta oficial justifica la devolución.
Lleva el producto al establecimiento donde lo compraste. Si pertenece a una cadena de supermercados, normalmente puedes devolverlo en cualquier tienda de esa cadena aunque no sea la misma donde compraste.
Solicita que te devuelvan el dinero y pide un justificante de la devolución. Este justificante puede ser útil si posteriormente resulta que el producto te causó algún daño y necesitas documentar que efectivamente lo habías comprado.
🧠 Hack de reembolso: el ticket no es obligatorio
Muchas tiendas intentan denegar la devolución alegando que no tienes el ticket. Esto es ilegal en caso de alerta sanitaria. La publicación de la alerta en el BOE o en la web de la AESAN sustituye legalmente al ticket de compra, ya que el lote del producto es la prueba de que el artículo salió de su cadena de suministro. En Claimeet te recomendamos: si el cajero se niega, enséñale la alerta en tu móvil y pide directamente la Hoja de Reclamaciones. Suelen "encontrar" el sistema de devolución al momento.
Paso 4: Si ya lo consumiste
Si descubres la alerta cuando ya has consumido el producto, no entres en pánico pero mantente vigilante.
Si no tienes síntomas, no significa necesariamente que el producto que consumiste estuviera contaminado. Recuerda que las alertas suelen afectar a lotes específicos y no todas las unidades del lote tienen por qué estar afectadas. Mantente atento durante los días siguientes a la aparición de cualquier síntoma y, si aparece algo, acude al médico mencionando que consumiste un producto afectado por una alerta.
Si tienes síntomas, acude al médico inmediatamente. Explica qué producto consumiste, cuándo lo consumiste y qué síntomas tienes. Pide un informe médico detallado y guarda toda la documentación. Si todavía conservas parte del producto o el envase, llévalos al médico para que puedan identificar exactamente qué consumiste.
Devolución del producto: tus derechos
La devolución de un producto retirado es un derecho reconocido que ningún establecimiento puede negarte.
El fundamento legal
Los productos retirados por alerta alimentaria no son conformes con el contrato de compraventa porque presentan un defecto que los hace no aptos para el consumo. El consumidor tiene derecho a la resolución del contrato y la devolución del precio pagado.
Además, la normativa de seguridad alimentaria obliga a fabricantes y distribuidores a retirar del mercado los productos peligrosos y a facilitar su devolución a los consumidores que ya los hayan adquirido.
Cómo proceder
El proceso de devolución debería ser sencillo. Acude al establecimiento con el producto, indica que quieres devolverlo porque está afectado por una alerta alimentaria, y solicita el reembolso del importe.
No necesitas el ticket de compra porque la propia alerta oficial (que puedes mostrar desde tu móvil consultando la web de AESAN) justifica la devolución. El establecimiento no puede exigirte prueba de compra cuando la retirada está ordenada oficialmente.
Sí que necesitas el producto o al menos el envase, para que el establecimiento pueda verificar que efectivamente se trata del lote afectado. Si ya has tirado el producto, la devolución puede ser más complicada.
Si te niegan la devolución
Ningún establecimiento debería negarte la devolución de un producto retirado, pero si ocurre tienes varias opciones.
Primero, muestra la alerta oficial desde la web de AESAN y pide hablar con el encargado de la tienda. Muchas veces los empleados no están informados de todas las alertas y un responsable puede resolver la situación.
Si persiste la negativa, solicita la hoja de reclamaciones y deja constancia de lo ocurrido. Denuncia después ante la OMIC de tu ayuntamiento o la Dirección General de Consumo de tu comunidad autónoma. Un establecimiento que se niega a retirar productos afectados por una alerta puede ser sancionado.
Información y comunicación de alertas
El sistema de alertas solo funciona si la información llega a los consumidores que pueden tener el producto afectado. Por eso existen múltiples canales de comunicación.
Cómo se comunican las alertas
Los fabricantes afectados tienen obligación de comunicar la retirada. Suelen emitir comunicados de prensa, publicar información en sus webs y redes sociales, y colocar carteles en los puntos de venta donde se distribuía el producto. Algunos fabricantes contactan directamente con los consumidores si tienen bases de datos de clientes registrados.
Las autoridades sanitarias publican las alertas en sus webs oficiales y redes sociales. AESAN actualiza constantemente su sección de alertas alimentarias. Las comunidades autónomas también difunden las alertas que afectan a su territorio.
Los distribuidores y comercios colocan carteles informativos en las tiendas, especialmente en las secciones donde se vendía el producto afectado. Las grandes superficies suelen contactar por email o SMS con los clientes que tienen tarjeta de fidelización si consta que compraron el producto afectado.
Dónde consultar las alertas
La fuente más fiable y actualizada es la web de AESAN en su sección de alertas alimentarias. Allí encontrarás todas las alertas activas con información detallada sobre los productos afectados, los motivos de la retirada y las recomendaciones para los consumidores.
El portal RASFF de la Comisión Europea contiene todas las notificaciones del sistema europeo, aunque la información está en inglés y es más técnica.
Las consejerías de Sanidad de las comunidades autónomas también publican alertas en sus webs, a veces con información adicional sobre la situación en su territorio.
Organizaciones de consumidores como OCU analizan y difunden las alertas más relevantes, a menudo con información práctica adicional sobre cómo actuar. Los medios de comunicación recogen las alertas más graves o llamativas, aunque no siempre con la precisión de las fuentes oficiales.
Si el producto te causó daño
Cuando un producto retirado ha causado efectivamente un daño a tu salud, tienes derecho a ser indemnizado además de la simple devolución del precio.
Documenta todo
Si sospechas que un producto retirado te ha causado daño, la documentación es fundamental para poder reclamar.
Conserva el producto o lo que quede de él, manteniéndolo refrigerado o congelado según corresponda. El envase con la etiqueta es imprescindible para identificar el lote. El ticket de compra ayuda a demostrar cuándo y dónde compraste el producto, aunque no es imprescindible.
Toma fotos de todo: del producto, del envase, de la etiqueta con el lote visible, del ticket si lo tienes. Estas fotos deben estar fechadas (los metadatos de las fotos del móvil incluyen la fecha automáticamente).
🛡️ Modo auditoría: trazabilidad y prueba de lote
Si vas a reclamar por daños a la salud, nunca entregues el envase original al supermercado sin quedarte con una prueba. El envase es donde figura el lote (la prueba jurídica clave). Si el establecimiento te pide el producto para "analizarlo", dales solo una parte o asegúrate de que firmen un recibo donde conste el número de lote y la fecha de caducidad. Sin ese número, el fabricante puede alegar que tu intoxicación no fue por su producto, sino por otra cosa que comiste.
Atención médica
Acude al médico describiendo tus síntomas y mencionando que has consumido un producto afectado por una alerta alimentaria. Proporciona toda la información posible: qué producto exactamente, cuándo lo consumiste, en qué cantidad, cuándo empezaron los síntomas.
Solicita un informe médico detallado que incluya tu diagnóstico, los síntomas que presentas, el tratamiento prescrito y, si el médico lo considera probable, la posible relación con el consumo del producto afectado. Este informe es la pieza clave para cualquier reclamación posterior.
Guarda los justificantes de todos los gastos: consultas médicas, medicamentos, desplazamientos al centro de salud. Si necesitas coger la baja laboral, conserva los partes y justificantes de pérdida de ingresos.
Cómo reclamar la indemnización
Con toda la documentación reunida, puedes reclamar una indemnización al fabricante del producto.
Redacta una reclamación por escrito exponiendo los hechos: qué producto compraste, cuándo lo consumiste, qué síntomas sufriste, qué gastos te ha ocasionado. Adjunta copia de toda la documentación (informe médico, facturas de gastos, ticket si lo tienes, fotos del producto y envase) y especifica qué indemnización solicitas.
Envía la reclamación por un medio que deje constancia de la recepción: burofax con acuse de recibo, carta certificada o email a una dirección oficial de la empresa pidiendo confirmación de lectura.
Si el fabricante no responde en un plazo razonable (15-30 días) o rechaza tu reclamación, puedes escalar el asunto consultando con un abogado especializado en derecho del consumo. En muchos casos de productos retirados hay varios afectados y puede tener sentido unirse en una acción colectiva.
Responsabilidades de cada parte
En una retirada de producto alimentario intervienen varios actores, cada uno con sus propias obligaciones legales.
El fabricante
El fabricante o importador es el principal responsable de la seguridad de sus productos. Cuando detecta un problema de seguridad, tiene obligación de comunicarlo inmediatamente a las autoridades competentes e iniciar la retirada del producto del mercado.
Debe identificar los lotes afectados con precisión, informar a los distribuidores para que dejen de vender el producto, emitir comunicaciones públicas para que los consumidores que tengan el producto no lo consuman, y facilitar la devolución del producto a quienes ya lo hayan comprado.
Responde de los daños causados a los consumidores por sus productos defectuosos. Esta responsabilidad es objetiva: no hace falta demostrar negligencia, basta probar el defecto, el daño y la relación causal entre ambos.
El distribuidor y vendedor
Los establecimientos donde se vende el producto tienen obligación de colaborar activamente en la retirada. Deben retirar inmediatamente de sus lineales cualquier producto afectado por una alerta, comprobar en sus almacenes si tienen stock del producto y retirarlo también, informar a los clientes de la retirada mediante carteles u otros medios, y aceptar las devoluciones de clientes que hayan comprado el producto.
Si un establecimiento sigue vendiendo un producto después de conocer que está retirado, puede ser sancionado y responderá de los daños que cause a los consumidores.
Las autoridades
Las autoridades sanitarias tienen la responsabilidad de coordinar las retiradas y verificar su cumplimiento. AESAN actúa a nivel nacional coordinando con las comunidades autónomas y con otros países a través del sistema RASFF.
Los servicios de inspección autonómicos verifican sobre el terreno que el producto ha sido efectivamente retirado de los establecimientos. Pueden imponer sanciones a fabricantes o distribuidores que incumplan sus obligaciones y realizan la investigación para determinar las causas del problema y evitar que se repita.
Prevención: mantente informado
La mejor forma de protegerte es estar informado sobre las alertas alimentarias que puedan afectarte.
Canales de información
Suscríbete a los canales oficiales de información de alertas. AESAN tiene presencia en redes sociales donde publica las alertas más relevantes. Algunas comunidades autónomas ofrecen servicios de suscripción a boletines de alertas alimentarias.
Consulta periódicamente la web de alertas de AESAN, especialmente si has comprado productos de categorías que suelen presentar alertas frecuentes como carnes, productos cárnicos, quesos o productos importados.
Las apps de algunas organizaciones de consumidores permiten recibir notificaciones de alertas alimentarias directamente en el móvil.
Buenas prácticas
Claimeet recomienda
Sigue a @ABORACIUDADANOS en Twitter/X. Es una cuenta no oficial que retuitea todas las alertas de AESAN en el momento en que salen, más rápido que la mayoría de medios.
Guarda los tickets de compra de alimentos durante algún tiempo, especialmente de productos envasados con fecha de caducidad larga. Si surge una alerta, el ticket te ayudará a verificar si compraste el producto afectado y cuándo.
Presta atención al etiquetado de los productos: familiarízate con dónde aparece el número de lote y la fecha de caducidad para poder encontrarlos rápidamente si necesitas compararlos con una alerta.
Si detectas algo anómalo en un producto (olor extraño, color diferente, presencia de cuerpos extraños), no lo consumas y comunícalo tanto al establecimiento donde lo compraste como a las autoridades sanitarias. Tu aviso puede servir para detectar un problema antes de que cause daños.
Reclamaciones formales
Si necesitas formalizar una reclamación relacionada con un producto retirado, dispones de varias vías.
Reclamación por la devolución
Si el establecimiento no acepta devolverte el dinero por un producto retirado, tienes derecho a reclamar.
Primero, presenta una reclamación escrita al establecimiento. Si no responden satisfactoriamente, solicita la hoja de reclamaciones oficial. Con esta hoja cumplimentada, acude a la OMIC de tu ayuntamiento o a la Dirección General de Consumo de tu comunidad autónoma.
Puedes solicitar arbitraje de consumo si la empresa está adherida al sistema. Es gratuito y relativamente rápido, aunque la empresa puede no aceptar someterse.
Como última opción, puedes acudir a los tribunales. Para cuantías pequeñas (lo que suele costar un producto alimentario) el procedimiento es sencillo y no requiere abogado ni procurador para reclamaciones de hasta 2.000 euros.
Reclamación por daños
Si el producto te causó daños a la salud, la reclamación es más compleja porque hay que demostrar el daño, el defecto del producto y la relación entre ambos.
Después de la reclamación extrajudicial al fabricante, si no hay respuesta satisfactoria, lo recomendable es consultar con un abogado especializado. Él valorará la documentación que tengas, las posibilidades de éxito y si conviene una demanda individual o unirse a otros afectados si los hay.
El plazo para reclamar daños por productos defectuosos es de 3 años desde que conociste o debiste conocer el daño. No dejes pasar el tiempo sin actuar.
Acciones colectivas
Cuando un producto retirado ha causado daños a muchas personas, las acciones colectivas son especialmente eficaces. Permiten compartir gastos legales, acumular pruebas de todos los afectados y ejercer mayor presión sobre el responsable.
Si crees que puedes estar en esta situación, busca a otros afectados a través de redes sociales o medios de comunicación que hayan cubierto la alerta. Las asociaciones de consumidores a menudo coordinan estas acciones cuando hay brotes importantes.
Conclusión
El sistema de alertas alimentarias existe para protegerte. Cuando funciona correctamente, los productos peligrosos se retiran antes de causar daños o, si ya han llegado a los consumidores, se informa rápidamente para minimizar las consecuencias.
Como consumidor, tienes derecho a ser informado de las alertas que te afecten, a devolver los productos retirados y recuperar tu dinero, a recibir indemnización si un producto te causó daños, y a denunciar irregularidades ante las autoridades competentes.
La clave está en mantenerte informado consultando las fuentes oficiales, actuar rápidamente si descubres que tienes un producto afectado, y documentar todo si llegas a sufrir algún daño. Tu vigilancia como consumidor también contribuye a la seguridad alimentaria: si detectas algo extraño en un producto, comunicarlo puede evitar daños a otras personas.